Después de La noche de Montiel

Han quedado los limones del limonero de Ayala que trajo Rafael Juárez en una esquina de la librería. Ayala no quería nada para su muerte, dijo Carolyn Richmond, solo morirse, nada más, desaparecer, descansar en paz. Queda el limonero y los jugosos limones y la Fundación Ayala por la que trabajan Rafael, Carolyn y Luis García Montero, que hablaron en la librería de lo necesario de seguir manteniendo la fundación, ante las dificultades de un hoy adverso a lo cultural, para sacar a la luz la cara completa del intelectual total que fue Francisco Ayala.

Lola Larumbe,

Madrid, 31 de enero de 2012.

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